Latinē annulus, dictus a circuitu, seu rotunditate ut annus. Porque el año se figura en un círculo por el cual el Sol va dando vuelta hasta cumplir su redondez, y este llamamos Zodiaco. Y de aquí el anillo, en término diminutivo, se toma por cualquier cículo pequeño, especialmente el que se trae en el dedo. Dicho en griego por esta razón δακτυλιομ, dactylion.
Los egipcios le figuraban en un dragón que se mordía la cola. Y así, el año se dijo de am circum, et no fluo, quod in se redeat, et circum fluat. Lo mesmo debemos decir del anillo. Escriben que el primero que usó los anillos fue Prometheo, y añaden a la fábula sabida de haberle puesto Júpiter en el monte Cáucaso, atado a él con muchas cadenas. A Eschilio, escritor de tragedias, dice que estuvo por treinta mil años comiéndole perpetuamente un águila el asadura, lo cual con lo demás todo tiene su moralidad, pues habiendo Hércules muerto, el águila o el buitre, que le comía las entrañas, y libertándole, para quedar atado perpetuamente a la cadena y al peñasco del monte, sin contravenir al hado, inventó el anillo de hierro, engastado en él un poco de la piedra del monte Cáucaso. Y de allí quieren hayan traído origen los anillos, tan levantados después de punto que el hierro se trocó en oro y la piedra berroqueña en piedras preciosas. Y particularmente se traigan los anillos en el dedo cercano al meñique, en la mano izquierda, por una de dos razones: o porque estaba allí más seguro de maltratarse y romperse la piedra preciosa, o porque en la sección del cuerpo humano hallaron los anotomistas un nerviecito delicado, que va desde aquel dedo al corazón, y por él comunica, así el oro como la piedra, su virtud con que le confortan. Hasta hoy dura esta opinión, pues las sortijas que llaman de uña las traen en el mesmo dedo que dicen valer contra el mal de corazón o gota coral. Los anillos se dieron en señal de honra. Y así, en Roma los trayan los de la Orden Senatoria, los caballeros que digamos, o nobles. Escriben los autores que en el despojo de la batalla de Canas, hubo Aníbal tres modios de anillos quitados de los dedos de romanos nobles, y no trayan más que uno, de do se colige mucha gente principal que murió en aquella batalla, y por testimonio de su gran victoria, los envió a Cartago. Hay muchas diferencias de anillos así en cuanto a la materia como cuanto a la forma. Los de hierro trayan comúnmente los siervos, los libertinos de plata. Pero los de oro no los podían traer ni los unos ni los otros, sino solos los libres y esos nobles, como tenemos dicho. Pusieron pues en ellos figuras, como empresas particulares de cada uno, que les servían por sellos y firmas, como Augusto César, que al principio de su Imperio usó del anillo, que tenía esculpido una esfinge, como refiere Plinio, libro 37, capítulo 1, y de los anillos trata, libro 33, capítulo 1. El entregar el rey a su vasallo su anillo es darle potestad y jurisdicción ampla para todo. Ester, capítulo 3: Tulit ergo rex annulum, quo utebatur, de manu sua, et dedit Aman. Estos llamaban anulos signatorios. Regum), libro 3, capítulo 21: scripsit itaque litteras ex nomine Achab et signavit eas anulo eius. Las sortijas de dos anillos llamamos memorias, o porque antiguamente las daban en esta forma los desposados a sus esposas, para que se acordasen siempre dellos, o porque, mudándolas de un dedo a otro, o soltando uno de los arillos, hacían memoria de lo que querían acordarse. Volteando el anillo de uno en otro dedo, daba a entender la dama a su galán haberle dado gusto lo que acababa de hacer o de decir. Ovidio, De arte amandi: Cum tibi, quæ faciam, mea lux, dicamve, placebit, Versetur digitis annullus usque tuis. Y a esto parece aludir Marcial, libro 5, marcial-epigramas[epigrama] 62: Chrispulus, &c. ibi per cuius digitos currit levis annulus omnes. Algunos anillos han sido portentosos. Entre otros, cuentan de uno que tuvo Gyges, por cuyo medio alcanzó el Reino de Lydia, haciéndose con él invisible. El anillo de Angélica, que valía contra las encantaciones, de que hizo mención el Ariosto, Canto 4. Anillos se llaman algunas veces los aldabones cuando son redondos. Exodi, capítulo 30. Mandaba Dios que en el Altar del Thymiama, de cada lado, se pusiesen dos anillos. Ut impossitivectibus portaretur. Y los eslabones de la cadena, cuando son redondos, llamamos anillos. Aludió muy bien a esto Marcial, notando a Zoilo, de que había sido esclavo, aunque había subido a caballero, y como tal traía anillos, para significar que primero los había traído de hierro en las gargantas de los pies antes que los pusiese de oro en los dedos de las manos, dice así, libro 5, epigrama 76:
Has cum gemina compede dedicat catenas, Saturne, tibi Zoilus, anulos priores.
Era costumbre, cuando el siervo alcanzaba libertad, llevar sus cadenas, o grillos, al Templo de Saturno, y colgarlos en sus paredes. Entre los animales hay algunos que llaman anulosos, por estar compuestos de unas ternillas en forma de anillos, como son las culebras, que con ellas se mueven con gran velocidad.