Es palabra hebrea, אָמֵן, del verbo אָמַן, firmum, stabilem, fidelem & fortem esse in Niphal נֶאֵמַן, neeman. Por manera que «amén», si es adverbio, vale vere. Si es nombre, vale veritas, firmitas, stabilitas. Repetido tiene más fuerza: Amen amen dico vobis, &c. firmissime, infallibiliter. Algunas veces tiene fuerza de verbo: amen, fiat, sit certum. Otras, de credulidad y confianza cierta: amen, credo, confiteor, firmiter teneo. Y, conforme a lo dicho, se interpretan muchos lugares de Escritura donde está Amén por diferentes términos. Pero todo se corresponde con cierta analogía y tiene un mesmo concepto. En nuetro vulgar tenemos algunas maneras de hablar, como Amén, amén, al cielo llega, que es tanto como decir: las plegarias de los justos, o las voces de los pobres injuriados, llegan a las orejas de Dios, cuando piden justicia de los agravios que reciben, o galardón de los beneficios que les hacen. En un romance viejo trillado se canta:
Todos dicen Amén, amén,
Sino don Sancho que calla.
Por hacer una cosa con presteza y liberalidad, dice el vulgo En un santiamén, que es como en las últimas palabras de una oración In nomine Patris, &c.